Irán desafía las nuevas sanciones de Estados Unidos

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El Gobierno de Irán rechazó este domingo la amenaza de nuevas sanciones estadounidenses y sostuvo que las medidas no lograrán doblegar a Teherán. El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi, interpretó el anuncio como una señal de desesperación de Washington, mientras Estados Unidos prepara un nuevo paquete de castigos económicos que podría ampliar la presión sobre la economía iraní y sobre los países que mantengan vínculos comerciales con el país.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, tiene prevista una rueda de prensa este lunes a las 18:00 GMT. Allí podría precisar el alcance de las sanciones que ha descrito como “las más duras de la historia” contra Irán. Hasta ahora, la Administración del presidente Donald Trump no ha detallado públicamente qué sectores, empresas o gobiernos quedarían incluidos en la nueva ofensiva.

Teherán responde al anuncio de Washington

En un vídeo difundido por Telegram, Araqchi afirmó que las autoridades estadounidenses han recurrido a “escenarios repetitivos” después de que sus operaciones militares no alcanzaran sus objetivos. Según el ministro, el paso de las acciones armadas a la amenaza de nuevas sanciones demuestra que los dirigentes estadounidenses están “desesperados”.

“Nunca hemos tenido miedo”, declaró Araqchi. El funcionario añadió que los bloqueos y otras medidas militares adoptadas contra Irán habían fracasado y que la nueva iniciativa estadounidense también fracasaría. Al mismo tiempo, reclamó que Washington trate a Teherán con respeto para alcanzar una solución basada en “la justicia y el honor”, una formulación que combina el desafío público con la apertura a una salida negociada.

La respuesta iraní se produce en un contexto de fuerte deterioro económico y militar. La economía del país ya soporta amplias sanciones internacionales, que han restringido sus exportaciones, limitado el acceso a divisas y dificultado las operaciones financieras con el exterior. La eventual adopción de nuevas medidas podría aumentar los costos de transporte, seguros y pagos para los compradores de productos iraníes, incluso cuando no estén directamente incluidos en las listas estadounidenses.

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El estrecho de Ormuz, punto de presión internacional

La disputa económica se superpone a una crisis de seguridad que se prolonga desde hace casi seis meses. Según la información difundida, la infraestructura iraní ha sido atacada en repetidas ocasiones y miles de personas han muerto por ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel. La descripción de estos hechos procede de las autoridades y medios iraníes, mientras Washington y sus aliados han presentado sus operaciones bajo argumentos de seguridad regional y presión militar sobre Teherán.

En paralelo, Irán ha restringido en la práctica el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas energéticas del mundo. Teherán se ha negado a permitir el paso de petroleros que no cuenten con autorización, lo que ha reducido el tráfico comercial y ha contribuido al aumento de los precios internacionales del petróleo.

El estrecho conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y por él circula una parte sustancial del crudo y del gas natural licuado destinados a los mercados asiáticos y europeos. Por esa razón, cualquier interrupción prolongada puede tener efectos que van más allá de las relaciones entre Estados Unidos e Irán: eleva los costos energéticos, encarece el transporte y aumenta el riesgo de inflación en países importadores.

La amenaza de sanciones busca, en parte, reforzar ese aislamiento sin depender exclusivamente de nuevas operaciones militares. Sin embargo, su eficacia dependerá de la capacidad de Washington para hacer cumplir las restricciones, especialmente frente a compradores dispuestos a mantener el comercio con Irán mediante intermediarios, sistemas de pago alternativos o rutas de exportación más opacas.

China y Pakistán adquieren un papel central

Trump ha advertido de consecuencias económicas para cualquier país que proporcione “cualquier tipo de ayuda vital” a Irán. Bessent ha instado particularmente a China a cooperar con Washington. El país asiático compra más del 80% del petróleo exportado por Irán, según los datos citados en la información disponible, por lo que su posición será decisiva para determinar si las nuevas sanciones pueden afectar de manera significativa a los ingresos energéticos iraníes.

China ha defendido la vía diplomática, pero su dependencia de las importaciones y sus intereses estratégicos en Oriente Medio podrían limitar el grado de cooperación con Estados Unidos. Una aplicación estricta de las sanciones tendría potencial para alterar el suministro de petróleo y elevar aún más la volatilidad de los mercados, mientras que una respuesta limitada de Pekín reduciría el impacto inmediato de las medidas estadounidenses.

En este escenario, Pakistán anunció que el jefe de su Ejército, Asim Munir, visitará Teherán este lunes. El Gobierno pakistaní ofreció pocos detalles, aunque una fuente oficial señaló que el general abordará los últimos acontecimientos, incluida la amenaza de nuevas sanciones. Islamabad ha ejercido labores de mediación en el conflicto y busca preservar la estabilidad de una región con la que comparte frontera e importantes vínculos de seguridad.

Una salida diplomática aún incierta

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, también ha planteado la conveniencia de terminar la guerra, aunque desde una posición que presenta a Irán como vencedor. En declaraciones a la agencia ISNA el viernes, sostuvo que sería mejor poner fin al conflicto mientras el país conserva su fuerza y dignidad, y afirmó que la comunidad internacional reconoce la victoria iraní.

Pezeshkian acusó a Estados Unidos de haber atacado escuelas, hospitales e infraestructuras “contrariamente a todas las normas”, y aseguró que Washington es rechazado en el mundo. Esas afirmaciones forman parte de la narrativa oficial iraní y no han sido verificadas de manera independiente en todos sus extremos. Su inclusión en el discurso presidencial muestra, no obstante, que Teherán intenta combinar la movilización interna con un mensaje dirigido a los gobiernos que podrían participar en una negociación.

El anuncio estadounidense y la respuesta iraní dejan abierta una doble dinámica: Washington busca elevar el costo económico de la resistencia iraní, mientras Teherán trata de utilizar su capacidad para afectar el tránsito por Ormuz y su relación con China como instrumentos de presión. La visita pakistaní podría ofrecer un canal de diálogo, pero la ausencia de detalles sobre sus objetivos y la persistencia de las amenazas militares mantienen limitada la expectativa de una desescalada inmediata.

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