Gino Lara Imán fue seleccionado a los siete años por Robert Francis Prevost, entonces obispo de Chiclayo y hoy León XIV, para llevar la imagen del Niño Jesús al pesebre de la catedral durante la Navidad de 2015. Ese acto puntual derivó en una beca Beca 18 que hoy financia sus estudios de Derecho. El caso permite examinar cómo un vínculo temprano con la jerarquía eclesiástica puede traducirse en oportunidades educativas concretas en contextos de bajos recursos.

El programa Beca 18, administrado por Pronabec, prioriza rendimiento académico y situación socioeconómica. Gino accedió a él en 2025 tras prometer, según su propio relato, “ser un abogado justo”. La coincidencia entre su trayectoria eclesial y el logro de la beca invita a analizar si el acompañamiento religioso funciona como factor adicional de resiliencia o si simplemente refleja una correlación ya conocida entre participación comunitaria y continuidad educativa.
El papel de la mentoría religiosa en trayectorias educativas
La selección de Gino como acólito más joven no fue un gesto aislado. Prevost mantuvo contacto cercano con los grupos juveniles de la catedral, participando en chocolatadas y celebraciones locales. Datos del Ministerio de Educación peruano muestran que estudiantes con participación sostenida en organizaciones comunitarias tienen tasas de retención universitaria entre 12 y 15 puntos porcentuales superiores a la media nacional en quintiles bajos. El mensaje transmitido por Prevost —“pensar en grande y seguir el camino de Dios”— funcionó como ancla narrativa que Gino repite años después al enfrentar exámenes de admisión.
Este tipo de mentoría vertical, ejercida por un líder que luego alcanzó el papado, añade una capa simbólica que puede reforzar la autoeficacia. Sin embargo, no existen estudios longitudinales que aíslen el efecto causal de una sola interacción navideña frente a la influencia acumulada de años de asistencia a la catedral. La historia de Gino ilustra un mecanismo plausible, pero no demuestra que todos los acólitos peruanos obtengan resultados similares.
Impacto en el ecosistema católico peruano
La elección de un papa peruano ha reavivado el interés mediático por las parroquias del norte del país. Diócesis como Chiclayo registran incrementos en solicitudes de confirmación y bautismos desde octubre de 2025, según datos preliminares de la Conferencia Episcopal Peruana. Para las familias de escasos recursos, la figura de León XIV representa ahora una vía de reconocimiento social que complementa los canales tradicionales de ascenso, como el deporte o las becas estatales.
Distintos actores interpretan este fenómeno de manera divergente. Líderes eclesiales locales lo presentan como prueba de que la Iglesia sigue siendo motor de movilidad. Funcionarios de Pronabec destacan que el éxito de Gino se debe principalmente al sistema de becas públicas. Organizaciones laicas advierten que la narrativa puede desplazar el foco de las políticas públicas hacia la fe personal. Ambas lecturas coexisten sin contradicción evidente, pero generan tensiones al momento de diseñar programas de acompañamiento para estudiantes vulnerables.
Perspectivas de los distintos actores involucrados
Gino Lara enfatiza el valor afectivo del gesto de Prevost y su promesa personal de justicia social. La comunidad parroquial de Chiclayo lo ve como ejemplo de que la cercanía con la jerarquía genera frutos tangibles. El Ministerio de Educación, por su parte, resalta la transparencia del concurso Beca 18 y evita vincular el logro con cualquier institución religiosa. Esta divergencia de énfasis muestra cómo un mismo hecho puede servir a narrativas institucionales distintas sin que ninguna de ellas sea necesariamente falsa.
Un riesgo latente es la presión que recae sobre Gino al convertirse en figura pública. Estudiantes becados que alcanzan visibilidad mediática suelen enfrentar expectativas desproporcionadas de éxito profesional y conducta ejemplar. Si en el futuro el joven decide ejercer el Derecho en áreas que generen controversia —defensa de causas ambientales o litigio contra instituciones eclesiales—, el relato original de “acólito del papa” podría volverse un lastre narrativo difícil de gestionar.
Tendencias futuras y riesgos sistémicos
El viaje papal programado para noviembre de 2026 probablemente multiplicará las historias similares. Es previsible que más jóvenes de zonas periféricas invoquen vínculos con León XIV para fortalecer sus solicitudes de beca o admisión universitaria. Las universidades privadas peruanas ya exploran programas de “liderazgo con valores” que combinan formación jurídica con retiros espirituales, anticipando demanda de este perfil.
Al mismo tiempo, existe el riesgo de que la visibilidad de casos excepcionales como el de Gino oscurezca las limitaciones estructurales del sistema educativo peruano. Beca 18 cubre menos del 3 % de la demanda potencial de estudiantes en situación de pobreza. Si la sociedad comienza a asociar el éxito educativo con “haber sido notado por el papa”, puede debilitarse el apoyo político a la ampliación sostenida del programa. La historia de Gino Lara es inspiradora, pero su replicabilidad depende menos de gestos papales que de políticas públicas consistentes.
