Que un gato se instale cada noche en la cama de su dueño no permite concluir por sí solo que sienta más afecto por esa persona. La elección puede estar relacionada con el vínculo emocional, pero también con el calor corporal, la comodidad, el olor familiar y, sobre todo, la sensación de seguridad que encuentra durante el descanso.
La convivencia entre gatos y humanos sí puede tener efectos observables en el organismo. Un estudio del National Institutes of Health (NIH), realizado en Japón con 32 propietarios, analizó los niveles de cortisol y oxitocina, además de la frecuencia cardiaca y otros indicadores fisiológicos, para examinar qué ocurre durante la interacción con estos animales.

Los resultados de esa investigación apuntaron a cambios fisiológicos asociados al contacto entre gatos y personas. Los parámetros observados estaban relacionados con el estrés, la activación del sistema nervioso y el vínculo emocional, lo que sugiere que la relación tiene una dimensión biológica además de afectiva. Los propios investigadores, no obstante, señalaron que hacen falta estudios más amplios para precisar el alcance de estos efectos.
El primer factor: la temperatura
Según la Clínica Veterinaria Bahía, una de las razones más evidentes por las que un gato busca dormir junto a su dueño es el calor. Los felinos suelen acercarse a fuentes de temperatura agradable y el cuerpo humano puede resultar especialmente atractivo durante las noches frías. La misma conducta explica que busquen mantas, sofás, radiadores u otros rincones cálidos de la vivienda.
La comodidad también interviene en la decisión. Los gatos pueden dormir entre 14 y 16 horas al día, por lo que necesitan superficies adecuadas para descansar durante largos periodos. Una cama, un sofá o las piernas de una persona pueden ofrecer el apoyo y la suavidad que buscan para echarse una siesta.
La confianza aparece durante el descanso
El descanso es un momento de vulnerabilidad para cualquier animal. Por eso, cuando un gato se acomoda junto a una persona, puede estar expresando que confía en ella y que se siente protegido a su lado. No tiene por qué tratarse de una demostración de amor entendida en términos humanos, pero sí puede ser una señal de cercanía, apego y familiaridad.
El olor del dueño puede reforzar esa sensación. Los gatos tienen un sentido del olfato muy desarrollado y utilizan los aromas para reconocer y evaluar su entorno. Un olor conocido puede transmitirles tranquilidad y ayudarles a identificar el lugar como seguro, especialmente cuando buscan descansar sin interrupciones.
La rutina también decide el lugar
El carácter territorial y rutinario de estos animales termina de explicar por qué repiten una elección. Si un gato encuentra un espacio cálido, cómodo y seguro, puede convertirlo en su sitio habitual para dormir. Incluso puede preferir un lado concreto de la cama porque recibe menos luz, conserva mejor la temperatura o la persona que duerme allí se mueve menos durante la noche.
Por esa razón, que deje de dormir con su dueño durante el verano no significa necesariamente que haya dejado de quererlo. Puede haber encontrado un rincón más fresco, una superficie más cómoda o una nueva costumbre. La elección suele responder a una combinación de instinto, temperatura, comodidad, olores familiares y hábitos, aunque la confianza y el vínculo afectivo también pueden formar parte de ella.
