El regreso a clases expone el costo económico y de cuidados para madres en Oaxaca

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El inicio del ciclo escolar 2026-2027 en Oaxaca volvió visibles los gastos y esfuerzos cotidianos que muchas madres realizan para sostener la educación de sus hijos. Más allá de la compra de uniformes, calzado y útiles, el regreso a las aulas implica traslados prolongados, pérdida de tiempo de trabajo, atención médica especializada y la búsqueda de escuelas capaces de atender a estudiantes con necesidades de desarrollo específicas.

Este lunes comenzaron clases más de 812 mil estudiantes de nivel inicial y básico en el estado, según datos del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO). Detrás de esa cifra se encuentran familias que organizan sus jornadas alrededor de horarios escolares, distancias y presupuestos que, en algunos casos, superan con facilidad los ingresos disponibles para una semana de trabajo.

Beira, comerciante en vía pública en el centro de la ciudad de Oaxaca, viaja todos los días desde San Juan del Estado, en el valle de Etla. Sus dos hijas la acompañan en un trayecto de casi una hora para asistir a clases mientras ella instala y ofrece sus productos en las calles de la capital. La dinámica familiar exige levantarse temprano, coordinar el transporte y adaptar la actividad laboral a las entradas y salidas de las niñas.

El primer grado concentra una parte importante del gasto

La incorporación de su segunda hija a primaria representó para Beira un desembolso de al menos 3 mil pesos. El monto incluyó uniforme, zapatos y útiles escolares, materiales que deben adquirirse antes o al inicio del curso. Aunque su hija mayor pasó a quinto grado y la madre ya conoce parte de las exigencias del calendario escolar, el ingreso de una nueva alumna a primaria reactivó gastos que no son menores para hogares vinculados al comercio informal.

Para las familias, el costo no se limita a una compra única. Durante el ciclo suelen agregarse reposiciones de cuadernos, materiales solicitados por los docentes, transporte, alimentos y actividades escolares. Cuando la persona cuidadora depende de ingresos diarios, cualquier gasto concentrado al comienzo de clases puede alterar el presupuesto doméstico y obligar a ajustar otras necesidades.

La experiencia de Beira también refleja una dimensión menos visible: el tiempo. Su hija menor estaba habituada a despertar temprano por la rutina familiar, pero antes de terminar el preescolar pasaba más tiempo por las mañanas con su madre. La entrada a primaria modifica esa convivencia y demanda una adaptación emocional para niñas, madres y personas cuidadoras, particularmente cuando el trabajo se desarrolla fuera del hogar y sin horarios fijos.

Traslados desde los Valles Centrales

Madres procedentes de Santa Cruz Xoxocotlán, San Juan del Estado y otras localidades de los Valles Centrales acuden a escuelas ubicadas en el centro de Oaxaca de Juárez. La elección puede obedecer a la cercanía con el lugar de trabajo, a la disponibilidad de planteles o a la expectativa de encontrar una atención más adecuada para sus hijos. Sin embargo, esa decisión desplaza parte del costo educativo hacia el transporte y las horas de traslado.

La distancia entre el hogar, la escuela y el centro laboral vuelve más frágil la organización cotidiana. Un retraso en el transporte, una cita médica o una jornada de ventas con baja actividad puede tener efectos encadenados en la asistencia escolar y en el ingreso familiar. En ese contexto, la educación pública reduce el pago directo por colegiatura, pero no elimina los costos asociados a ejercer el derecho a estudiar.

La presión es mayor para quienes deben conciliar el cuidado de varios hijos con empleos precarios o actividades por cuenta propia. La carga de acompañamiento suele recaer de manera desproporcionada en las madres, quienes además asumen la compra de insumos, la comunicación con las escuelas y la atención de situaciones de salud o aprendizaje. El inicio de clases, por tanto, no es sólo una fecha administrativa: es un periodo de reorganización financiera y de cuidados para miles de hogares.

Inclusión escolar requiere recursos y acompañamiento

El caso de Valeria ilustra una necesidad adicional. Su hija, que tiene diagnóstico de trastorno del espectro autista y retraso global del desarrollo, inició este lunes la primaria tras viajar desde Santa Cruz Xoxocotlán al centro de Oaxaca de Juárez. Para la familia, el gasto escolar incorpora elementos permanentes que no concluyen con la lista de útiles: terapias, consultas con neurología y medicamentos.

Valeria reconoce que los docentes atienden a grupos numerosos, pero considera necesario aumentar el personal en las escuelas para que los estudiantes reciban una atención más cercana. También plantea que la empatía del entorno escolar es determinante para casos como el de su hija. La observación apunta a un reto estructural: la inclusión depende no sólo de aceptar la inscripción de un alumno, sino de contar con condiciones pedagógicas, humanas y materiales para responder a ritmos y necesidades distintas.

La falta de apoyos suficientes puede trasladar a las familias costos económicos y de tiempo que deberían compartirse mediante servicios de salud, educación especializada y orientación escolar. A la vez, los planteles enfrentan el desafío de atender la diversidad en aulas con varios estudiantes y recursos limitados. La coordinación entre docentes, madres, especialistas y autoridades es relevante para evitar que la permanencia escolar dependa exclusivamente de la capacidad económica y organizativa de cada hogar.

Un ciclo escolar con costos desiguales

El comienzo del ciclo 2026-2027 combina la expectativa de las niñas y niños que ingresan a una nueva etapa con una realidad de gastos desiguales. Para algunas familias, el principal desembolso corresponde a los insumos básicos; para otras, se suman traslados de larga duración, pérdida de horas de trabajo y atención clínica continua. Estas diferencias muestran que el acceso a la escuela no produce las mismas condiciones de permanencia para todos los estudiantes.

La cifra de más de 812 mil alumnos que regresaron a las aulas dimensiona la responsabilidad del sistema educativo estatal, pero las historias de madres como Beira y Valeria muestran la escala doméstica del reto. Garantizar una educación de calidad requiere considerar lo que ocurre antes de que inicie la jornada escolar: el trayecto, el ingreso familiar, el cuidado y los apoyos que necesitan los estudiantes para aprender y mantenerse en la escuela.

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