El mundo mantiene su dependencia de Wall Street pese a los incentivos para diversificar las inversiones en Estados Unidos, porque ningún otro sistema financiero puede absorber con rapidez y estabilidad una reasignación de varios billones de dólares. Según un análisis de Jorge Arbache, profesor de Economía en la Universidad de Brasilia, la ventaja estadounidense no se basa únicamente en el tamaño de su economía o en el papel del dólar, sino en la capacidad de convertir grandes volúmenes de ahorro global en activos líquidos, negociables y cubiertos frente al riesgo.
El dólar representaba el 56,8% de las reservas de divisas asignadas a finales de 2025 y participaba en el 89,2% de las operaciones cambiarias analizadas por el Banco de Pagos Internacionales. Estas cifras se mantienen a pesar del aumento de la deuda pública estadounidense, la polarización política, la incertidumbre comercial, las dudas sobre el estado de derecho y el uso de sanciones financieras, factores que han llevado a varios gobiernos a buscar alternativas a la moneda estadounidense.

Arbache sostiene que el principal límite para una salida masiva de capitales no es la falta de economías o activos atractivos, sino la capacidad de los mercados de destino. Un sistema financiero debe poder recibir, valorar, cubrir y liquidar enormes flujos sin provocar movimientos extremos en los precios, los rendimientos o los tipos de cambio.
La capacidad de absorción depende de una red amplia de instituciones: bolsas, bancos, intermediarios, cámaras de compensación, depositarios, reguladores, tribunales, auditores, abogados, proveedores de datos y mecanismos de respaldo de los bancos centrales. Por eso, una operación manejable para un fondo de pensiones o un banco central puede resultar difícil cuando miles de instituciones intentan ejecutarla al mismo tiempo.
En ese escenario, los precios de los activos en los mercados receptores podrían subir, los rendimientos bajar y las monedas apreciarse. También podrían escasear los bonos de alta calidad con vencimientos adecuados, aumentar los costos de cobertura y volverse más restrictivos los límites prudenciales o de referencia. Los mercados que parecen profundos en condiciones normales pueden ofrecer una liquidez menor ante entradas excepcionales de capital.
Estados Unidos conserva una ventaja especialmente visible en el mercado de deuda pública. En julio de 2026, los bonos del Tesoro en circulación alcanzaban los 31,5 billones de dólares y registraban un volumen medio diario de negociación superior a 1,2 billones. Estos títulos funcionan como inversiones, reservas de valor, garantías, referencias para fijar precios e instrumentos para cumplir requisitos regulatorios. Su utilidad también está respaldada por una infraestructura capaz de financiar, valorar, cubrir riesgos y liquidar operaciones de gran tamaño.
Las alternativas afrontan limitaciones específicas. Europa dispone de instituciones sofisticadas y un gran volumen de ahorro, pero sus mercados de capitales permanecen fragmentados y no cuenta con un activo seguro común comparable, por escala, con los bonos del Tesoro estadounidense. China tiene un mercado de bonos de gran tamaño, aunque los controles de capital, la convertibilidad administrada, la influencia estatal y la incertidumbre sobre los derechos de los inversores restringen su capacidad para recibir libremente carteras globales.
Los mercados emergentes enfrentan una disyuntiva similar: grandes entradas de capital pueden apreciar sus monedas, elevar el precio de los activos y reducir los rendimientos que inicialmente atrajeron a los inversores. Estas restricciones ayudan a explicar por qué la multipolaridad geopolítica avanza más rápido que la multipolaridad financiera. La producción y el comercio pueden cambiar de orientación con mayor rapidez, mientras que los ecosistemas financieros se construyen de forma acumulativa.
La posición del dólar, sin embargo, no es irreversible. Arbache señala que la irresponsabilidad fiscal, los ataques a la independencia institucional, las sanciones arbitrarias, las perturbaciones recurrentes del mercado y los temores de corrupción gubernamental pueden erosionar la ventaja estadounidense. La volatilidad posterior a los anuncios arancelarios de Estados Unidos en abril de 2025 mostró que los inversores también pueden cubrir su exposición al dólar, en lugar de recurrir automáticamente a él.
Para desarrollar un sistema financiero más multipolar, Europa necesitaría una integración más profunda, mayor emisión común y normas armonizadas de supervisión e insolvencia. Las economías emergentes tendrían que ampliar sus curvas de rendimiento en moneda local, sus mercados de derivados, sus infraestructuras de compensación y liquidación y la oferta de activos estandarizados. Los bancos multilaterales de desarrollo podrían agrupar proyectos de industria verde, infraestructura y capital natural en instrumentos adquiribles a gran escala.
