Corea del Norte incorpora el destructor Kang Kon y amplía su estrategia de disuasión nuclear marítima

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Kim Jong Un puso oficialmente en servicio el destructor Kang Kon, el segundo buque de este tipo incorporado recientemente por Corea del Norte, y aprovechó la ceremonia para exigir una capacidad de disuasión nuclear “potente y fiable”. El anuncio se produjo mientras Estados Unidos, Corea del Sur y Japón iniciaban el ejercicio militar trilateral Freedom Edge en aguas cercanas a la isla surcoreana de Jeju, un contexto que vuelve a elevar la tensión en el noreste asiático.

La ceremonia tuvo lugar el domingo en el puerto de Wonsan, en la costa oriental norcoreana. Kim asistió acompañado por su hija adolescente, considerada por los servicios de inteligencia surcoreanos como la probable heredera del régimen. Los medios estatales difundieron imágenes de ambos a bordo del buque y junto a los marineros, una exposición pública que refuerza el papel político de la joven dentro de la sucesión dinástica de Corea del Norte.

Corea del Norte incorpora el destructor Kang Kon y amplía su estrategia de disuasión nuclear marítima

Dos destructores cambian el perfil de la Armada norcoreana

El Kang Kon y el Choe Hyon, incorporado al servicio en junio, tienen un desplazamiento aproximado de 5.000 toneladas. Según la propaganda oficial, ambos pueden transportar una combinación de armamento convencional y nuclear, lo que los convierte en los buques de guerra más grandes y avanzados de la Armada norcoreana. Expertos citados por The Associated Press consideran probable que su construcción haya contado con asistencia rusa, aunque no se han presentado públicamente detalles técnicos que permitan establecer el alcance exacto de esa cooperación.

La importancia de los destructores no depende únicamente de su tamaño. Su incorporación amplía las plataformas desde las que Pyongyang puede desplegar misiles y otros sistemas de ataque, y añade una dimensión marítima a una estrategia militar centrada durante años en los misiles balísticos terrestres. En julio, Corea del Norte afirmó haber probado desde el Kang Kon misiles de crucero con capacidad nuclear. Si esas afirmaciones reflejan una capacidad operativa efectiva, el régimen estaría avanzando hacia una fuerza más diversificada y menos dependiente de instalaciones fijas.

La orden de Kim: una disuasión más flexible y difícil de neutralizar

Durante el acto, Kim vinculó directamente la entrada en servicio del buque con el fortalecimiento del arsenal nuclear. Declaró que las preocupaciones de los adversarios “se agravarán” y reclamó una capacidad de disuasión nuclear más clara, fiable y versátil. También pidió mejorar el funcionamiento de los sistemas de combate nuclear y reforzar las capacidades de defensa marítima y de disuasión bélica.

El mensaje apunta a una lógica concreta: cuantos más medios de lanzamiento tenga Corea del Norte, más difícil será para sus adversarios localizar y destruir todos sus recursos en una eventual crisis. Los buques de superficie no sustituyen a los misiles terrestres ni garantizan por sí mismos una capacidad de segundo ataque, pero pueden complicar la planificación militar de Estados Unidos y sus aliados al introducir rutas, posiciones y escenarios de empleo adicionales.

La modernización naval también responde a una carencia reconocida por el propio Kim. El líder norcoreano admitió que hasta hace pocos años la Armada carecía de buques adecuados para cumplir sus funciones. El desarrollo de destructores representa, por tanto, un intento de corregir una vulnerabilidad histórica: la limitada capacidad de Pyongyang para operar de manera sostenida lejos de sus costas y proteger sus activos navales frente a fuerzas tecnológicamente superiores.

Freedom Edge y la respuesta de los aliados

La entrada en servicio del Kang Kon coincidió con el comienzo de Freedom Edge, una maniobra de cinco días que reúne medios navales y aéreos de Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. Seúl sostiene que el ejercicio tiene carácter defensivo y busca fortalecer la respuesta conjunta ante las amenazas nucleares y misilísticas norcoreanas. La elección de aguas próximas a Jeju permite entrenar operaciones combinadas en una zona estratégica para las rutas marítimas y la vigilancia regional.

Para Pyongyang, sin embargo, estas maniobras confirman lo que denomina la política hostil de Washington y sus aliados. El Gobierno norcoreano criticó las declaraciones estadounidenses sobre la desnuclearización completa del país y acusó a Estados Unidos de adoptar una postura cada vez más confrontativa. La coincidencia temporal entre el ejercicio y la ceremonia naval ofrece al régimen una oportunidad para presentar su expansión militar como una respuesta necesaria a la presión externa, aunque también incrementa el riesgo de una dinámica de acción y reacción.

Un gesto de distensión que no modificó el conflicto

La tensión actual se produce después de que Estados Unidos y Corea del Sur acortaran su maniobra anual Ulchi Freedom Shield. Los dos Ejércitos concluyeron el ejercicio el 21 de agosto, seis días antes de lo previsto, tras una orden del presidente estadounidense Donald Trump para reducir sustancialmente las maniobras. Trump justificó la decisión al aludir a su relación con Kim Jong Un, pero Corea del Norte rechazó el gesto.

Kim Yo Jong, hermana del líder y una de las principales figuras del Gobierno, afirmó que la reducción temporal no cambiaba la naturaleza “provocadora y agresiva” de los ejercicios. Después de esa decisión, Corea del Norte lanzó alrededor de diez misiles balísticos de corto alcance hacia el mar, en una acción que coincidió con las maniobras estadounidenses y surcoreanas. El episodio mostró que una disminución de la escala de los ejercicios no garantiza, por sí sola, una reducción de las tensiones.

La vía diplomática parte de condiciones más difíciles

Kim Jong Un ha dicho anteriormente que podría reanudar las conversaciones con Washington si Estados Unidos abandona lo que Pyongyang considera su política hostil y reconoce a Corea del Norte como Estado nuclear. El diálogo entre Kim y Trump fracasó en 2019, cuando ambos Gobiernos no lograron acordar la relación entre una eventual desnuclearización limitada y los beneficios económicos que el régimen esperaba obtener.

Desde entonces, Corea del Norte continuó desarrollando su programa nuclear y estrechó sus vínculos con Rusia y China. Ese entorno reduce los incentivos de Pyongyang para aceptar concesiones inmediatas y, al mismo tiempo, complica cualquier negociación que pretenda limitar únicamente una parte de sus capacidades. Kim anunció además que otro proyecto naval, descrito como un avance “significativo”, será presentado en un plazo de ocho meses. Si el proyecto se concreta, la presión sobre los aliados para mejorar la vigilancia marítima y mantener canales de comunicación aumentará al mismo tiempo que las opciones diplomáticas se vuelven más estrechas.

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