Catia La Mar, 26 jun (EFE).— El aire en las zonas devastadas del estado costero de La Guaira ya presenta un olor a putrefacción originado por los cadáveres que permanecen bajo los escombros de edificios colapsados. Venezuela sufrió el miércoles dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 que, hasta el momento, han causado 920 muertes y 3.360 heridos, concentrados principalmente en La Guaira, declarado zona cero de la tragedia.
El país carece de experiencia reciente en eventos sísmicos de gran escala, lo que explica la saturación inmediata de los recursos disponibles. Las autoridades locales debieron priorizar la atención en un contexto de infraestructura limitada y una crisis económica prolongada que ha reducido la capacidad de respuesta estatal. Esta combinación ha generado críticas sobre la llegada tardía de ayuda, aunque el gobierno ha comenzado a coordinar operaciones con apoyo internacional.
Cronología de la respuesta oficial
La presidenta encargada Delcy Rodríguez recorrió las zonas afectadas el jueves por la tarde. Entre la noche del jueves y la madrugada del viernes arribaron equipos de rescate procedentes de República Dominicana, El Salvador, México y Estados Unidos. A pesar de estos refuerzos, en sectores como Playa Grande la presencia de personal y materiales seguía siendo escasa durante las primeras horas del viernes.
El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, informó que además de las víctimas mortales y heridos se contabilizan 172 personas atrapadas y 3.007 damnificados. Un total de 383 edificaciones sufrieron daños totales o importantes, la mayoría en La Guaira. Las fuerzas armadas fueron desplegadas para mantener el orden y facilitar las labores de rescate, mientras se recomendó a la población no desplazarse directamente a la zona para evitar congestión.

Impacto en la atención médica
Pedro Luis Pérez, de 41 años, relató cómo rescató a su hermana, actualmente en coma en el hospital Pérez Carreño. Destacó que incluso en centros públicos es necesario pagar por insumos básicos debido a la escasez derivada de la crisis económica. Esta situación obliga a las familias a asumir costos adicionales en momentos de emergencia, lo que añade presión sobre una población ya afectada por la falta de recursos.
La escasez de suministros médicos no es nueva, pero los sismos han exacerbado las carencias existentes. Hospitales que operaban con inventarios reducidos enfrentan ahora una demanda repentina de material de curación, antibióticos y equipos de soporte vital, revelando la fragilidad del sistema sanitario ante desastres de esta magnitud.
Riesgos estructurales y logísticos
Algunas construcciones que permanecen en pie muestran inclinaciones pronunciadas, elevando el peligro de derrumbes secundarios. Entre los escombros se observan restos humanos, y vecinos han recuperado cuerpos sin asistencia oficial. La necesidad de tapabocas se ha vuelto urgente para quienes permanecen cerca de los escombros debido al avance de la descomposición.
El llamado oficial a canalizar donaciones a través de centros de acopio en Caracas busca evitar que el flujo de voluntarios complique el acceso de maquinaria pesada. Esta medida refleja la tensión entre la voluntad de ayuda espontánea y la necesidad de mantener rutas despejadas para equipos especializados.
Contexto económico y de preparación
Venezuela no registra antecedentes de terremotos de esta intensidad en décadas recientes, por lo que los protocolos de respuesta se activaron sin ensayos previos a gran escala. La crisis económica ha limitado la renovación de infraestructura y la acumulación de reservas de emergencia, factores que ahora influyen en la velocidad de recuperación.
La coordinación con países que aportan equipos de rescate representa un cambio en las alianzas internacionales, pero su efectividad dependerá de la capacidad local para integrar esos recursos con las operaciones ya existentes. La distribución equitativa de ayuda entre zonas urbanas y periféricas será clave para evitar que las diferencias de acceso profundicen las desigualdades existentes.
El equilibrio entre la urgencia de rescatar personas atrapadas y la contención de riesgos secundarios como derrumbes o propagación de enfermedades exige una planificación precisa. Las próximas semanas determinarán si las medidas adoptadas logran estabilizar la situación antes de que el deterioro de las condiciones sanitarias complique aún más el panorama.
