El Centro Fundación Caja Rioja La Merced de Logroño abre hasta el próximo 27 de octubre una exposición que recorre la evolución de la narrativa gráfica en España a través de 278 publicaciones y tebeos editados entre 1911 y 2000. Bajo el título Tebeos. La historia de la narrativa gráfica en España y en La Rioja, la muestra incorpora además 70 dibujos originales y propone una lectura histórica del cómic como documento cultural, testimonio editorial y reflejo de los cambios sociales del último siglo.
La selección parte de un ejemplar de la revista satírica Cu-Cut!, publicado en 1911, y llega hasta páginas de manga fechadas en el año 2000. El itinerario no se limita a ordenar obras por antigüedad: pone en relación los formatos, los públicos y los lenguajes que han definido el tebeo en España. De este modo, los materiales expuestos permiten observar cómo una forma de entretenimiento vinculada inicialmente a la prensa ilustrada fue consolidando códigos propios y ampliando progresivamente sus temas, autores y lectores.

Una colección privada convertida en patrimonio consultable
Los ejemplares proceden de la colección de Fernando Rodil, comisario de la exposición. Su fondo tiene un valor especialmente relevante por la naturaleza efímera que durante décadas acompañó a buena parte de estas publicaciones. El consejero de Cultura del Gobierno de La Rioja, José Luis Pérez Pastor, recordó durante la presentación que Rodil donó más de 60.000 publicaciones a la Biblioteca de La Rioja, una aportación que contribuye a preservar materiales que con frecuencia fueron considerados productos de “usar y tirar”.
Ese origen ayuda a explicar el alcance de la exposición. Muchos tebeos circularon como lectura económica, de consumo rápido y destinada sobre todo a niños y jóvenes, por lo que su conservación no estuvo garantizada. Su recuperación en bibliotecas, colecciones y exposiciones permite hoy estudiar no solo la evolución de la ilustración y del relato secuencial, sino también los hábitos de lectura, las estrategias de las editoriales y las representaciones de cada época.
Pérez Pastor señaló que el cómic ha recogido la memoria colectiva de generaciones enteras durante los siglos XX y XXI. La afirmación encuentra respaldo en la propia cronología de la muestra: las publicaciones reflejan transformaciones políticas, industriales y culturales, desde la sátira de principios de siglo hasta la llegada de influencias internacionales y la diversificación de géneros durante las últimas décadas del recorrido.
Originales de cuatro referentes reconocidos
Entre los 70 originales incluidos figuran piezas vinculadas a cuatro autores galardonados con el Premio Nacional del Cómic. La exposición presenta material de Arrugas, obra con la que Paco Roca obtuvo el premio en 2008; de El arte de volar, de Antonio Altarriba y el dibujante Kim, conocido también como Kimbo, reconocida en 2010; y de Miguel Ángel Prado, distinguido en 2013.
También se exhibe un original de Max, seudónimo de Francesc Capdevila, ganador del primer Premio Nacional del Cómic en 2007 y Premio Nacional de Ilustración Infantil y Juvenil en 1997. La presencia de estas piezas permite acercarse al proceso material de creación, más allá de la reproducción impresa. Al mismo tiempo, enlaza la tradición popular del tebeo con la consolidación institucional de la historieta como disciplina artística y literaria con reconocimiento público.
De la sátira y la posguerra a las revistas de autor
La exposición sitúa los primeros tebeos españoles como una evolución de las formas narrativas desarrolladas por revistas satíricas e ilustradas. En esas publicaciones, texto e imagen ya convivían para comentar la actualidad, construir personajes y articular relatos breves. El paso hacia la historieta periódica consolidó una gramática visual propia, basada en la secuencia, la viñeta y la continuidad de las series.
Uno de los núcleos del recorrido corresponde a la considerada edad de oro del cómic español, entre 1945 y 1965. Editoriales como Bruguera, Valenciana, Maga y Toray crearon personajes que permanecieron en la memoria de varias generaciones. Su producción respondió a un mercado amplio y regular, pero también a un contexto político y social condicionado por la posguerra, la censura y la segmentación de los públicos.
Tras la Guerra Civil, el tebeo resurgió principalmente como entretenimiento infantil. Los formatos también ayudaban a ordenar esa oferta: los cuadernos apaisados se asociaban a relatos de aventuras, mientras que las publicaciones verticales se destinaban con mayor frecuencia a las series humorísticas. Esta división no era únicamente gráfica; expresaba una manera de clasificar expectativas de lectura y de adaptar el producto a circuitos comerciales específicos.
La muestra incorpora asimismo publicaciones de posguerra cuya orientación variaba según el bando desde el que se editaban y el público al que buscaban llegar. Ese contraste evita presentar la historia del tebeo como una sucesión aislada de personajes populares. Los contenidos, los temas permitidos y la forma de representar la autoridad, la aventura o la familia estuvieron condicionados por el marco histórico de cada publicación.
La apertura internacional redefine el panorama
A partir de los años setenta, la llegada de historietas de Francia, Italia y Estados Unidos renovó el panorama español. El contacto con autores y mercados extranjeros amplió las referencias estéticas y temáticas, mientras algunos dibujantes consolidados reformularon su trabajo y apareció una nueva generación con intereses más diversos. La historieta comenzó a dirigirse con mayor claridad a lectores adultos y a abordar registros distintos de la aventura o el humor tradicional.
Revistas como Tótem, El Víbora, 1984 y Cairo se convirtieron en referentes de esa etapa. Sus páginas dieron espacio a estilos visuales y narrativos heterogéneos, desde la experimentación gráfica hasta relatos de carácter urbano, político o contracultural. El cierre cronológico con manga del año 2000 subraya, además, que la internacionalización posterior ya no dependía de unas pocas tradiciones europeas o estadounidenses, sino de un mercado cultural global.
Con ese recorrido, la exposición de Logroño plantea el tebeo como una fuente para leer la historia cultural de España y no solo como un objeto de nostalgia. La variedad de publicaciones, editoriales y originales permite apreciar tanto los vínculos entre la industria y sus públicos como la capacidad de los autores para renovar el lenguaje gráfico. La conservación de estos fondos convierte una producción concebida muchas veces para el consumo inmediato en un archivo útil para comprender cómo se contaron, imaginaron y discutieron distintas épocas.
