La posibilidad de que Zulma Lobato recupere la visión mediante una cirugía quedó descartada, al menos en el escenario médico actual. La oftalmóloga Romina Alonso explicó que la mediática presenta una miopía magna y conserva una cantidad demasiado reducida de tejido retinal funcional, una condición que vuelve inviable cualquier intervención quirúrgica destinada a mejorar su vista.
El diagnóstico que cambió sus planes
“Hoy en día no hay posibilidad de que, con la miopía magna que presenta y debido al poco tejido de retina funcionante remanente, pueda recuperar la visión como deseamos”, señaló Alonso en un comunicado difundido por Jair Hourcade, conocida como La Pepona, quien acompaña a Lobato y está a cargo de su cuidado cotidiano.
La precisión de la especialista es relevante porque el problema no se limita a la graduación óptica del ojo. En los casos de miopía magna, el alargamiento excesivo del globo ocular puede producir daños estructurales en la retina y favorecer un deterioro visual progresivo. Si el tejido que permite captar y transmitir las imágenes se encuentra severamente afectado, corregir la forma del ojo o intervenir sobre otras estructuras no alcanza para restablecer una visión funcional.

El resultado contradice la expectativa que se había instalado durante las últimas semanas. Lobato, de 67 años, había expresado públicamente su intención de operarse antes de que terminara el año: “Estoy casi ciega y este año, sea como sea, me voy a operar de la vista”. La consulta con Alonso había sido presentada en su entorno como un paso decisivo para evaluar esa posibilidad.
Una expectativa alimentada por la urgencia
La Pepona había compartido imágenes previas a la consulta con un mensaje de esperanza: “Cumpliendo con todo para que se pueda operar Zulma, le están revisando su vista”. El anuncio reflejaba una expectativa comprensible, pero también mostraba la distancia que puede existir entre el deseo de acceder a un tratamiento y las condiciones anatómicas necesarias para que ese tratamiento sea viable.
Según lo informado, los problemas visuales de Lobato se agravaron después de un violento asalto sufrido años atrás en la vía pública. Las secuelas oculares derivadas de aquel episodio se sumaron a una enfermedad visual compleja y desembocaron en un deterioro progresivo. La evaluación reciente no describe una dificultad puntual que pueda resolverse con una operación aislada, sino una pérdida de tejido que limita de manera profunda las alternativas disponibles.
Alonso, de todos modos, evitó presentar el diagnóstico como una clausura absoluta. La especialista indicó que, dentro de algunos años, los avances en nanotecnología y en inteligencia artificial podrían abrir caminos para recuperar o mejorar la visión. Se trata de una posibilidad futura, no de un tratamiento disponible ni de una promesa concreta para el corto plazo. La diferencia es importante: mantener una expectativa científica razonable no equivale a anunciar una solución inmediata.
Qué ocurrirá con el dinero reunido
La incertidumbre médica también afecta el destino de los fondos reunidos para financiar una operación que finalmente no podrá realizarse en las condiciones previstas. Una campaña solidaria impulsada originalmente por Jazmín Salinas, conocida como La Cuerpo, permitió recaudar 11 millones de pesos, que fueron depositados en un plazo fijo a nombre de Lobato.
La propia mediática afirmó que el dinero permanece bajo su titularidad y que nadie puede disponer de él sin su autorización. “Eso está bien guardado en un banco y no lo puede tocar nadie, solamente yo, la titular”, sostuvo en un video grabado desde la residencia para adultos mayores donde vive en Tandil. Hourcade respaldó esa explicación y señaló que los fondos continuarán depositados mientras se definen los próximos pasos médicos.
La aclaración adquiere especial peso porque el propósito original de la colecta era específico: costear una intervención ocular. Al quedar descartada esa opción, será necesario determinar con transparencia si el dinero se destinará a estudios, tratamientos de apoyo, cuidados vinculados con la discapacidad visual u otras necesidades de Lobato. La prioridad inmediata no parece ser solo médica, sino también de administración responsable de recursos obtenidos mediante solidaridad pública.
El traslado y la red de acompañamiento
La situación actual se inscribe en una crisis más amplia. Semanas atrás, Lobato fue encontrada en situación de calle en Paraná después de sufrir un robo en el que perdió dinero y pertenencias. Un conocido habría sido responsable de sustraerle esos bienes, y el episodio derivó en su traslado a Tandil el 19 de agosto. Desde entonces reside en una institución para adultos mayores administrada por Hourcade.
En ese contexto, el comunicado médico no solo informa un diagnóstico. También confirma la existencia de una red de apoyo alrededor de una persona que atraviesa problemas de salud, vulnerabilidad habitacional y una pérdida significativa de autonomía. “Que no pueda recuperar su visión no significa que tenga que atravesar esto sola”, escribió Hourcade, al pedir respeto, comprensión y afecto para Lobato.
La doctora Alonso destacó igualmente la presencia constante de La Pepona junto a su amiga. Ese acompañamiento puede ser determinante para organizar controles, sostener tratamientos, proteger los recursos económicos y facilitar las actividades diarias. Sin embargo, también plantea la necesidad de que las decisiones futuras se apoyen en evaluaciones profesionales y mecanismos claros de cuidado, especialmente cuando la persona afectada enfrenta limitaciones visuales severas.
La actividad artística como forma de continuidad
Pese al parte médico, Hourcade anunció que ambas continuarán presentándose juntas en boliches, cumpleaños, eventos y fiestas privadas. “Seguimos trabajando”, afirma el flyer difundido en redes, acompañado por un teléfono de contrataciones y el lema “Juntas somos imbatibles”. El anuncio muestra que el diagnóstico no eliminó los proyectos artísticos ni la voluntad de Lobato de conservar un espacio público y laboral.
La continuidad de esas presentaciones puede aportar ingresos, identidad y contacto social, pero deberá compatibilizarse con el grado de discapacidad visual y con las condiciones de salud de Lobato. El nuevo escenario obliga a desplazar el foco: ya no se trata únicamente de encontrar una operación, sino de construir apoyos sostenibles para que pueda desenvolverse con seguridad, preservar su autonomía posible y seguir participando de las actividades que todavía forman parte de su vida.
