Japón rechaza la versión de Putin sobre el deterioro bilateral y mantiene abierta una relación marcada por las Kuriles

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El Gobierno japonés respondió con dureza a Vladimir Putin después de que el presidente ruso atribuyera a Tokio la responsabilidad exclusiva del deterioro de las relaciones entre ambos países. El portavoz gubernamental japonés, Minoru Kihara, calificó de “inaceptable” esa interpretación y sostuvo que la crisis bilateral tiene una causa concreta: la invasión rusa de Ucrania iniciada en febrero de 2022. La réplica no solo refleja una disputa diplomática inmediata, sino que confirma la persistencia de un conflicto territorial sin resolver que condiciona desde hace décadas cualquier intento de acercamiento entre Tokio y Moscú.

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Tokio sitúa el origen de la crisis en Ucrania

Kihara rechazó que Japón haya provocado el actual enfriamiento y vinculó directamente la situación a la ofensiva rusa contra Ucrania. Japón se sumó a las sanciones occidentales contra Moscú tras el inicio de la guerra, una decisión que llevó a Rusia a incluir al país asiático en su lista de Estados considerados “hostiles”. Desde la perspectiva japonesa, esas medidas forman parte de una respuesta internacional a una violación del orden territorial y de la seguridad europea, no de una política diseñada específicamente para romper el diálogo con Rusia.

La posición japonesa tiene además una dimensión estratégica. Tokio observa la guerra de Ucrania a través de un marco más amplio de seguridad regional: cualquier aceptación de cambios territoriales mediante la fuerza puede tener consecuencias para Asia-Pacífico, donde Japón mantiene disputas marítimas y territoriales con otros vecinos. Por ello, su respaldo a las sanciones no se limita a la solidaridad con Ucrania; también expresa una defensa de principios que considera relevantes para su propia seguridad nacional.

Putin reivindica una relación que, según Moscú, Tokio rompió

Putin afirmó en Biskek, capital de Kirguistán, que su Gobierno no había dado “ni un solo paso” para empeorar los vínculos con Japón y que había tratado la relación “con el máximo cuidado”. Según las declaraciones recogidas por la agencia TASS, el mandatario dijo sentirse sorprendido por la postura japonesa hacia Rusia, aunque consideró previsible la reacción de Tokio a su reciente visita a Iturup, una de las islas Kuriles administradas por Moscú y reclamadas por Japón.

La argumentación rusa separa dos planos que Japón considera inseparables. Moscú presenta su control de las islas como un hecho consolidado tras la Segunda Guerra Mundial y cuestiona las sanciones japonesas como una decisión hostil. Tokio, en cambio, entiende que la visita de Putin a un territorio disputado refuerza una reivindicación de soberanía rusa que dificulta aún más una negociación. La diferencia no es solo retórica: revela que ambos gobiernos parten de diagnósticos incompatibles sobre las causas y las posibles vías de salida de la crisis.

La visita a Iturup reabre una disputa sin tratado de paz

La tensión aumentó a principios de agosto, cuando Putin visitó los llamados Territorios del Norte para Japón: Kunashiri, Etorofu —denominada Iturup por Rusia—, Shikotan y Habomai. Fue su primera visita a estas islas desde que llegó al poder en 2000. La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, calificó el desplazamiento de “absolutamente inaceptable” y sostuvo que hería los sentimientos de la población japonesa. Ambos países convocaron después a los embajadores del otro como señal de protesta.

El peso político de la visita supera el gesto simbólico. Las cuatro islas siguen siendo el principal obstáculo para que Japón y Rusia firmen un tratado de paz definitivo que cierre formalmente la Segunda Guerra Mundial. Aunque los dos Estados restablecieron relaciones diplomáticas en 1956, nunca resolvieron la soberanía de este territorio situado entre Hokkaido y la península rusa de Kamchatka. La falta de acuerdo ha impedido que la normalización diplomática alcance una base estable y plenamente institucional.

Una frontera con valor histórico, económico y militar

Las Kuriles poseen importancia por su localización en el Pacífico norte, por sus recursos pesqueros y por su valor estratégico para el acceso marítimo ruso. Japón recuerda que el archipiélago pasó a formar parte de su territorio en 1875 mediante el Tratado de San Petersburgo. Tras la guerra, la Unión Soviética incorporó las islas, una situación que Rusia considera heredada y no negociable en los términos planteados por Tokio.

La disputa territorial ha sobrevivido a períodos de mayor cooperación económica y de diálogo político porque conecta memoria histórica, identidad nacional y control geoestratégico. En ese contexto, una visita presidencial rusa a Iturup adquiere un significado que trasciende la administración local: funciona como una reafirmación de soberanía ante Japón y como un mensaje interno de firmeza territorial. La respuesta japonesa busca evitar que ese acto se interprete como una aceptación tácita de la posición rusa.

Una relación vecinal que Tokio no da por perdida

Pese al tono de la condena, Kihara subrayó que es “vital gestionar adecuadamente” los vínculos con Rusia por tratarse de un país vecino. Esa fórmula señala que Japón no pretende clausurar por completo los canales diplomáticos, incluso en un escenario de confrontación. Tokio necesita preservar mecanismos de comunicación por razones de seguridad regional, pesca, navegación y estabilidad en el nordeste asiático, donde las tensiones entre potencias han aumentado de forma sostenida.

Sin embargo, la posibilidad de una mejora sustancial parece limitada mientras continúe la guerra en Ucrania y Moscú mantenga una política de afirmación territorial sobre las Kuriles. Japón difícilmente reducirá su coordinación con sus aliados del G7, mientras Rusia tiene pocos incentivos para reabrir una negociación territorial en un momento de mayor confrontación con Occidente. La relación bilateral queda así sometida a una doble presión: el conflicto global derivado de Ucrania y una controversia histórica que ninguna de las dos capitales está dispuesta a relegar.

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