El general Muhoozi Kainerugaba, jefe del Ejército de Uganda e hijo del presidente Yoweri Museveni, ordenó el cierre inmediato de los medios independientes Daily Monitor y NTV. La acción se ejecutó mediante una redada militar nocturna en las oficinas de Nation Media Group en Kampala, donde las señales fueron interrumpidas a las 05:00 horas locales.

Kainerugaba anunció en X que no cree en la libertad de prensa y que los medios deben estar dirigidos por “cuadros de la revolución”. Posteriormente precisó que ninguna emisora podrá reanudar operaciones sin su autorización explícita, formalizando así el control estatal sobre la información.
Impacto en la libertad de expresión
La medida afecta directamente al conglomerado mediático con mayor alcance en África oriental y central. La Asociación Nacional de Emisoras advirtió que se vulneran derechos constitucionales y se establece un precedente que podría extenderse a otros canales informativos del país.
Este episodio revela la voluntad del régimen de centralizar el relato público bajo supervisión militar. Al subordinar el periodismo a la jerarquía revolucionaria, Uganda consolida un modelo donde el control informativo deja de ser coyuntural y pasa a formar parte de la estructura de poder.
La operación nocturna y el despliegue de fuerzas armadas en sedes mediáticas evidencian que la censura ya no se limita a advertencias verbales, sino que implica intervención física directa. En un contexto de sucesión dinástica, la acción de Kainerugaba anticipa un endurecimiento estructural del control sobre la esfera pública.
