Las empresas peruanas se preparan para un escenario de mayores costos, interrupciones logísticas y menor actividad ante un eventual impacto del fenómeno El Niño. Una encuesta del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), aplicada a 345 compañías no financieras, muestra que el 83% ya adoptó o prevé adoptar medidas preventivas. Al mismo tiempo, aunque la mayoría espera absorber parte de los sobrecostos, cerca de cuatro de cada diez firmas contempla modificar sus precios de venta.
El sondeo refleja que la principal preocupación empresarial no se limita a los daños directos que puedan causar lluvias intensas, inundaciones o desbordes. También abarca las consecuencias sobre el transporte de insumos, mercaderías y trabajadores, así como los posibles cortes de carreteras, dificultades de abastecimiento y afectaciones a las instalaciones. En ese contexto, las decisiones de prevención apuntan a mantener la continuidad de las operaciones y reducir la exposición de las cadenas de suministro.

Rutas alternativas y planes de continuidad concentran la respuesta
A escala nacional, el 42% de las empresas consultadas indicó que establecerá rutas logísticas alternativas ante posibles interrupciones del transporte. Esta es la medida preventiva más mencionada, seguida por la elaboración de planes de continuidad operativa, prevista por el 41%, y el reforzamiento de instalaciones, señalado por el 40%.
La prioridad dada a la logística responde a la estructura de riesgos identificada por las propias compañías. El 62% anticipa retrasos o mayores costos de transporte, el porcentaje más alto entre los potenciales impactos reportados. A ello se suman las dificultades para distribuir productos, mencionadas por el 43%, y el encarecimiento de insumos, citado por el 42%. Además, el 37% prevé problemas de abastecimiento si las condiciones climáticas y la infraestructura vial se deterioran.
Estas cifras sugieren que el impacto de El Niño puede propagarse más allá de las zonas directamente afectadas por las lluvias. Una restricción en carreteras, puertos, centros de distribución o vías secundarias puede elevar los tiempos de entrega y los costos de transporte para empresas ubicadas en otras regiones. Para negocios con inventarios limitados o una alta dependencia de proveedores específicos, el riesgo no solo es financiero: también puede traducirse en paralizaciones parciales o incumplimientos de entrega.
Costos al alza, pero traslado parcial al consumidor
El 67% de las firmas espera que sus costos aumenten como consecuencia de los posibles efectos del fenómeno climático. Sin embargo, el 63% manifestó que no prevé cambiar sus precios de venta. Por diferencia, alrededor del 37% sí considera una modificación de precios, una proporción relevante en un contexto en el que los mayores gastos logísticos y de reposición pueden presionar los márgenes empresariales.
La brecha entre empresas que anticipan mayores costos y aquellas que planean subir precios indica que una parte del sector privado buscaría absorber inicialmente el impacto. Esa decisión puede responder a la competencia, a contratos previamente pactados, a la necesidad de conservar demanda o a la expectativa de que las interrupciones sean transitorias. No obstante, la capacidad de absorber sobrecostos no es homogénea: dependerá de la liquidez de cada empresa, de su poder de negociación con proveedores y de la sensibilidad de sus clientes ante un alza de precios.
El posible traslado a precios tampoco implica un efecto automático ni uniforme sobre la inflación. El resultado dependerá de la magnitud y duración de las afectaciones, de la disponibilidad de inventarios, de la evolución de los costos de alimentos y combustibles, y de la intensidad de la competencia en cada mercado. La encuesta, más que anticipar un ajuste generalizado, revela un riesgo de presiones de costos concentradas en los sectores y territorios con mayor exposición logística y física.
Ventas y producción bajo presión
Las expectativas de las empresas también muestran un deterioro potencial de la actividad. El 48% prevé menores ventas y el 46% espera una reducción de su producción. Solo el 10% considera que no tendría consecuencias sobre sus operaciones. El resto identifica riesgos que pueden afectar, en distinta medida, sus costos, niveles de producción, distribución, infraestructura o demanda.
La coexistencia de menores ventas y menor producción revela una doble vulnerabilidad. Por un lado, los problemas de transporte y abastecimiento pueden limitar la oferta de bienes y servicios. Por otro, los daños a hogares, la interrupción de actividades y las dificultades de movilidad pueden reducir temporalmente el consumo en las zonas afectadas. Los planes de continuidad operativa buscan precisamente evitar que una contingencia climática se convierta en una suspensión prolongada de procesos críticos.
Entre las empresas que no contemplan acciones preventivas, la mayor presencia se observa en el sector servicios, particularmente en actividades como salud, seguridad y servicios aeroportuarios. También figuran compañías vinculadas al comercio y la manufactura. La encuesta no detalla las razones de esa decisión, por lo que no permite determinar si responde a una menor exposición, a protocolos ya vigentes o a limitaciones para implementar nuevas medidas. Aun así, el elevado porcentaje de empresas que sí espera alguna afectación confirma que la percepción de riesgo es extendida.
El norte concentra la mayor percepción de vulnerabilidad
La preocupación es especialmente alta en el norte del país, una zona históricamente expuesta a eventos de lluvias intensas asociados a El Niño. Allí, el 94% de las empresas encuestadas informó que ya tomó o planea tomar medidas preventivas. El reforzamiento de instalaciones encabeza las acciones, con 77%, seguido por los planes de continuidad operativa, con 66%, y las rutas logísticas alternativas, con 50%.
La evaluación de riesgo en esa región es más severa que el promedio nacional. Todas las empresas consultadas en el norte esperan alguna afectación; el 77% menciona posibles daños a instalaciones o equipos y el 76% prevé retrasos o mayores costos logísticos. Además, el 81% anticipa menores ventas y el 69% una reducción de la producción. La combinación de exposición física y dependencia de la conectividad vial explica que la prevención se concentre tanto en proteger infraestructura como en asegurar alternativas para transportar bienes y personal.
Los resultados del BCRP muestran que el desafío empresarial frente a El Niño será sostener operaciones sin trasladar de manera indiscriminada los costos al consumidor. La efectividad de las medidas dependerá de su ejecución anticipada, de la coordinación con proveedores y autoridades, y de la capacidad de la infraestructura pública para resistir interrupciones. Para las compañías, la preparación ya no se limita a una contingencia climática: se ha convertido en una variable que puede definir costos, ventas y continuidad operativa.
