Enrique Inzunza volvió al pleno del Senado después de 125 días de ausencia en una sesión marcada por dos señales políticas simultáneas: la protesta pública de legisladoras opositoras y una recepción cordial de varios senadores de Morena, incluso cuando ya no forma oficialmente parte de esa bancada. Su reaparición ocurrió durante la elección de Higinio Martínez como presidente de la Cámara Alta y reabrió la discusión sobre el alcance político del fuero, la disciplina partidista y la presunción de inocencia frente a señalamientos de alta gravedad.
Un retorno bajo control del recinto
La entrada de Inzunza al salón de plenos no fue una escena ordinaria. Fotógrafos y camarógrafos esperaban registrar su llegada, pero la presidencia del Senado ordenó la salida de personas ajenas al trabajo legislativo antes del inicio formal de la sesión. Una vez que Laura Itzel Castillo hizo sonar la campana de apertura, el senador ingresó por el pasillo de Morena, a las 18:27 horas, según el relato de la jornada.
La medida de restringir el acceso de la prensa respondió a un entorno de alta atención pública. Inzunza se había ausentado desde el 29 de abril, fecha en la que el gobierno de Estados Unidos informó que había solicitado su detención con fines de extradición por una presunta relación con el Cártel de Sinaloa. El legislador ha rechazado las imputaciones y, tras su regreso, se declaró inocente. Hasta que exista una resolución de autoridad competente, los señalamientos no equivalen a una sentencia.

La protesta quedó concentrada en dos voces
La expresión más visible de rechazo provino de la panista Lilly Téllez y de la priista sinaloense Paloma Sánchez. Antes de que Inzunza ocupara su escaño, Sánchez colocó una hoja con la palabra “narcosenador” y mostró otra con referencias a más de 3 mil homicidios y 4 mil personas desaparecidas en Sinaloa. Durante la votación, Téllez lanzó consignas para exigir su salida del Senado y lo grabó con su teléfono.
Ambas acciones buscaron vincular la presencia de Inzunza con la crisis de violencia y desapariciones en su entidad. Sin embargo, el pleno no abrió un debate específico sobre esos señalamientos ni alteró el desarrollo de la elección de la Mesa Directiva. La protesta funcionó como una intervención política y mediática, no como un procedimiento parlamentario dirigido a definir la situación jurídica del legislador.
Los gestos de respaldo revelan una relación todavía activa
El recibimiento dentro del salón contrastó con las consignas. Inzunza saludó y recibió abrazos de legisladores morenistas como Antonino Morales, Lucía Trasviña, Manuel Huerta y otros integrantes del grupo. También intercambió saludos con los panistas Miguel Márquez y Susana Zatarain. Durante la sesión conversó con Trasviña y Alfonso Cepeda, votó en la elección interna, aplaudió el triunfo de Higinio Martínez y participó en la entonación del Himno Nacional.
Estos gestos no modifican su condición formal fuera de la bancada de Morena, pero muestran que su separación organizativa no ha significado un aislamiento total en la vida cotidiana del Senado. La diferencia es relevante: una bancada puede retirar afiliación o espacios de coordinación sin que desaparezcan vínculos personales, regionales o legislativos. En un Congreso construido también sobre relaciones informales, esa distinción influye en la capacidad de un senador para conservar presencia política.
El silencio de los dirigentes marca otro límite
La señal más significativa no estuvo en los abrazos, sino en la distancia de los principales jerarcas del grupo. Ignacio Mier, coordinador de Morena, y Adán Augusto López Hernández, excoordinador, no cruzaron mirada con Inzunza ni tuvieron contacto con él al concluir la sesión. Su salida inmediata evitó una fotografía de respaldo institucional y separó la reacción de algunos compañeros de la postura de la conducción parlamentaria.
Ese contraste sugiere una estrategia de contención. Morena no impidió que Inzunza ejerciera sus derechos como senador ni controló las muestras individuales de cercanía, pero sus dirigentes evitaron asociarse públicamente con su regreso. Para una fuerza mayoritaria, esta posición busca reducir costos políticos sin anticipar conclusiones sobre un proceso que corresponde a las autoridades y sin convertir el pleno en un escenario de confrontación permanente.
El fuero vuelve al centro del debate
La reaparición de Inzunza coloca nuevamente al fuero legislativo en el centro de la discusión pública. El fuero no constituye una declaración de inocencia ni cancela investigaciones; su función es establecer un procedimiento constitucional para actuar penalmente contra integrantes del Congreso. Por ello, cualquier eventual solicitud contra el senador tendría que transitar por mecanismos institucionales y ser valorada con información verificable, no sólo mediante consignas o respaldos políticos.
La sesión dejó una imagen de ambigüedad: Inzunza conserva la posibilidad de presentarse, votar y participar en el Senado, mientras enfrenta un fuerte cuestionamiento público y permanece separado de la bancada que lo llevó a la Cámara Alta. La evolución del caso dependerá de decisiones ministeriales y judiciales, pero también pondrá a prueba la consistencia con la que los partidos sostienen sus exigencias de rendición de cuentas cuando los señalamientos alcanzan a sus propios integrantes.
