El dólar estadounidense inició la jornada del 4 de septiembre con una cotización promedio de 24 pesos cubanos, frente a los 23,97 pesos del cierre anterior. La variación, de apenas 0,13%, apunta a una apertura prácticamente estable, aunque el dato adquiere mayor relevancia en un mercado sometido a una elevada presión sobre las divisas y a diferencias entre los circuitos oficiales y alternativos.
Una apertura estable dentro de un mercado más volátil
Durante la última semana, la moneda estadounidense mantuvo su valor, mientras que en la comparación interanual registró un avance marginal de 0,14%. En el último día, sin embargo, el tipo de cambio mostró una trayectoria positiva, con un incremento sostenido que contrasta con la estabilidad observada en periodos más amplios.
La volatilidad actual se situó en 4,79%, por encima del nivel de referencia de 3,39%. La diferencia no implica por sí sola una depreciación acelerada del peso, pero sí revela un entorno cambiario más inestable. En economías con escasez de efectivo extranjero, una variación reducida en la cotización puede anticipar movimientos mayores si coinciden una menor entrada de divisas, un aumento de la demanda o nuevas presiones sobre los precios internos.

El objetivo de crecer en 2026 enfrenta obstáculos conocidos
El Gobierno cubano proyecta para 2026 un crecimiento económico del 1%, la misma meta planteada para el año anterior y que finalmente no se alcanzó debido a la contracción del producto interno bruto. El ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, describió el escenario como una “economía de guerra”, marcada por amenazas, riesgos y tensiones que podrían aumentar durante el próximo año.
La previsión oficial descansa principalmente en una recuperación del turismo y en un mejor desempeño de los servicios de exportación, sobre todo los médicos. Ambos sectores son fuentes importantes de ingresos externos, pero su capacidad para sostener el crecimiento dependerá de que logren generar divisas suficientes y de que estas puedan transformarse en importaciones, combustibles, alimentos e insumos productivos.
El problema central es que una mejora sectorial no necesariamente se traduce en una recuperación general. La economía cubana se contrajo 11% entre 2020 y 2024, y el PIB cayó 1,1% en 2024, encadenando su segundo año consecutivo de retroceso. En ese contexto, alcanzar un crecimiento de 1% exigiría no solo recuperar determinadas actividades, sino también contener los desequilibrios que limitan la producción y el consumo.
Inflación, déficit y presión sobre los hogares
Las autoridades esperan que los precios del mercado formal aumenten 10% en 2026. La meta supondría una mejora frente a la inflación interanual de 14,07% registrada al cierre de 2025, pero seguiría representando una pérdida significativa de poder adquisitivo para los hogares cuyos ingresos no se ajusten al mismo ritmo.
La reducción de la inflación dependerá de factores que exceden el control administrativo de los precios. La escasez de productos básicos, la falta de divisas para importar, los apagones y la dolarización creciente alimentan un círculo difícil de romper: la oferta se reduce, los costos aumentan y los consumidores buscan protegerse mediante monedas extranjeras o mercados informales.
El déficit fiscal previsto asciende a 74.500 millones de pesos cubanos, equivalentes a unos 3.100 millones de dólares según el tipo de cambio oficial utilizado para las empresas. Una brecha de ese tamaño restringe el margen del Estado para financiar subsidios, servicios públicos e inversiones sin recurrir a mayor endeudamiento o expansión monetaria, medidas que pueden añadir presión sobre los precios y el tipo de cambio.
La cotización no resume toda la realidad cambiaria
El valor de 24 pesos por dólar funciona como una referencia de apertura, pero no debe interpretarse como una descripción completa del acceso a divisas en Cuba. La disponibilidad efectiva de dólares, las restricciones para adquirirlos y la existencia de mercados paralelos pueden producir precios diferentes según el canal, el tipo de operación y el agente económico.
La historia reciente del peso cubano explica parte de esta tensión. El peso convertible dejó de existir como moneda de curso legal el 1 de enero de 2021, durante el proceso conocido como “Día Cero” de la unificación monetaria. Aunque la medida buscaba ordenar el sistema, para numerosos ciudadanos significó una devaluación efectiva porque coincidió con una pérdida de confianza y con una mayor búsqueda de monedas extranjeras.
Antes de esa reforma, el peso convertible había pasado de una equivalencia de 21 pesos cubanos a 26. En abril de 2005, el Gobierno estableció una relación de 25 pesos cubanos por cada peso convertible, que mantenía una paridad nominal con el dólar y estaba sujeta a un impuesto del 10%. La falta de divisas terminó impulsando un mercado negro en el que el dólar llegó a intercambiarse por alrededor de 100 pesos cubanos convertibles, una señal de la distancia que puede abrirse entre una tasa regulada y el valor que los usuarios atribuyen a la moneda.
Inversión extranjera y confianza, el desafío pendiente
El Gobierno ha reconocido problemas estructurales como el deterioro de la oferta, los cortes de electricidad, la inflación elevada y la migración. También ha prometido un entorno más dinámico y transparente para atraer inversión extranjera, con mayores facilidades y garantías. La propuesta puede contribuir a ampliar la capacidad productiva, pero los inversores evaluarán además la estabilidad regulatoria, la posibilidad de repatriar beneficios, el acceso a insumos y la seguridad del marco cambiario.
La experiencia de 2022 mostró la vulnerabilidad de las previsiones oficiales: no se alcanzaron los ingresos esperados por exportaciones, el turismo disminuyó y la inflación llegó a niveles cercanos al 40%. El propio ministro de Economía de entonces, Alejandro Gil Fernández, vinculó la escalada de precios con la insuficiente disponibilidad de divisas. Por eso, la estabilidad puntual del dólar en la apertura del 4 de septiembre ofrece un dato moderado, pero no resuelve las presiones que determinan la evolución del peso cubano.
