El arzobispo de Tegucigalpa, José Vicente Nácher Tatay, expresó preocupación por la continuidad de los crímenes en Honduras y llamó a no normalizar ningún hecho violento. El jerarca católico sostuvo que la defensa de la vida debe traducirse en decisiones concretas de las autoridades y en una respuesta coordinada de toda la sociedad.

“Estamos muy preocupados, muy preocupados. Nunca nos podemos acostumbrar a un solo hecho violento, mucho menos a lo que nos está tocando vivir”, manifestó Nácher al referirse a la situación de inseguridad que afecta al país.
El arzobispo afirmó que el respeto a la vida constituye el primero y fundamental de los derechos. A su juicio, no basta con expresar respaldo público a ese principio si las medidas adoptadas terminan contradiciéndolo. “No podemos decir una cosa, pero tomar decisiones que fueran en contra. Tenemos que ser consecuentes y coherentes para que podamos todos contribuir”, señaló.
Prevención, protección y justicia
Nácher reconoció que la violencia no es un problema nuevo en Honduras y que sus causas y consecuencias son complejas. Sin embargo, advirtió que el desafío no se limita a reaccionar tras un crimen, sino a construir condiciones para prevenirlo y proteger de forma efectiva a la población.
Para ello, planteó una estrategia que involucre a las instituciones del Estado, las familias, las comunidades y otros actores sociales. Según expuso, la respuesta debe incluir prevención, formación de una cultura de respeto a la vida, protección adecuada para las víctimas y seguimiento judicial de los delitos.
“Es un tema que va desde la prevención, la cultura, pero también hay que dar la protección adecuada y el seguimiento y enjuiciamiento de los delitos, evidentemente”, indicó el religioso.
Sus declaraciones se producen mientras continúan registrándose homicidios, muertes violentas de mujeres y otros delitos que generan inquietud entre la población. Aunque las autoridades han informado de una disminución de las cifras de violencia frente a períodos anteriores, la persistencia de hechos criminales mantiene el debate sobre la capacidad estatal para prevenir, investigar y sancionar los delitos.
El arzobispo insistió en que la sociedad debe evitar la indiferencia frente a las muertes y la inseguridad. Su llamado apunta a que la prevención, la educación, la protección y la justicia actúen de manera coherente para impedir que la violencia se convierta en parte de la vida cotidiana.
